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Deuda buena, deuda… tóxica

Hace pocas semanas publiqué un artículo en el blog titulado Tomando decisiones de compra de manera racional, donde abordaba las consecuencias del consumismo actual en nuestro futuro financiero. En esa oportunidad, mencionaba que esa necesidad de tener hoy día cosas que nuestras finanzas no nos permiten costear nos lleva muchas veces a cometer el error de financiarnos mediante tarjetas de crédito o préstamos personales. ¿El resultado? Nos vemos obligados a pagar cuotas por muchos meses, sacrificamos buena parte de nuestro dinero en el pago de intereses y, como dicen muchos planificadores financieros, le robamos a nuestro propio futuro para satisfacer un capricho actual.

Sin embargo, debemos de hacer una evaluación de la calidad de nuestro endeudamiento para conocer nuestro estado de “salud” en este sentido. No todos los que tenemos deudas estamos en una posición de riesgo o problemática y no todas las deudas son malas y deberían de ser eliminadas de inmediato. Al igual que en casi cualquier otro caso, la estrategia frente al endeudamiento es relativa: dependiendo de cada quien, de sus actitudes ante el dinero, de su capacidad de tolerar riesgos, de sus necesidades actuales y de muchas otras variables, se deben de evaluar las deudas y tomar decisiones con respecto a ellas.

Es importante partir entendiendo que existen deudas buenas y deudas malas (también conocidas como deudas tóxicas). La diferencia entre unas y otras es que la primera usualmente financia algún tipo de inversión que va a generar valor en el futuro, mientras que la segunda suele financiar un estilo de vida que va más allá de lo que los ingresos de la persona permiten.

Dentro de la primera categoría los dos ejemplos tradicionales son los créditos estudiantiles o los créditos hipotecarios. Un crédito estudiantil normalmente le permite a una persona acceder a algún tipo de estudio que lo revalorizará ante los ojos del mercado empleador o, en caso de ser independiente, le aporta una serie de herramientas que deberían de impactar positivamente en sus resultados. Una maestría o un curso de especialización, que normalmente se financian mediante este tipo de crédito, suele tener un impacto inmediato en los ingresos de la persona y, por lo tanto, se considera una deuda saludable y hasta recomendable en algunos casos. De igual manera, un crédito hipotecario permite la compra de una propiedad que se va a convertir en parte importante del patrimonio familiar. A diferencia de un crédito vehicular, esta hipoteca respalda la adquisición de un activo que se debería de apreciar en el tiempo y que debería de servir de hogar a la familia o, en su defecto, como una fuente alternativa de ingresos.

Caso contrario es el de los endeudamientos obtenidos con el fin de financiar cosas que no van a sumar al patrimonio o al futuro de uno. En esta categoría usualmente están los créditos de consumo o los gastos en tarjeta de crédito que no pueden ser cancelados en su totalidad al final del mes. Normalmente estos créditos pagan estilos de vida que van más allá de las posibilidades reales de la persona, llámese viajes, ropa, joyas, novedades electrónicas (juegos de video, televisores, computadoras, celulares, etc.), entretenimiento, etc. Este tipo de gasto no aporta nada al patrimonio personal y, como consecuencia de las altas tasas de interés que acompañan a estos créditos, van restando posibilidad de acumulación de ahorros en el futuro. Esta deuda tóxica, hueca y destructora de riqueza debe de evitarse a toda costa, pues es aquí justamente donde empezamos a robarle a nuestro futuro a través del pago de altas sumas de dinero en intereses.

Es difícil tomar la decisión de no comprar algo cuando tenemos la línea de crédito disponible para hacerlo. Es difícil aguantar el impulso y esperar para recibir esa gratificación de haber comprado lo que realmente queríamos. Sin embargo, en la medida que lo sigamos haciendo, seguiremos acumulando deudas tóxicas y seguiremos enredados en ese espiral del cual aparentemente nunca podemos salir.

Muchas son las recomendaciones para evitar caer en la tentación de hacer una compra hueca: no comprar al momento que se nos ocurre, sino esperar unos días para reconocer si es una necesidad o un capricho; solamente comprar con la tarjeta de débito o en efectivo, nunca con tarjetas de crédito o incluso dejar las tarjetas de crédito en casa; disponer de un presupuesto mensual para gastos adicionales y no excederlo en ningún caso; entre muchas otras estrategias.

A fin de cuentas, quien decide si hace la compra es uno mismo y quien asume las consecuencias de ellas es uno mismo. Si nos llenamos de deuda tóxica y sentimos que nunca podemos salir de ella es porque nosotros nos pusimos en ese lugar. Si decidimos dejar de hacerlo y trabajar para mejorar la calidad de nuestras deudas, en el largo plazo tendremos mayor disponibilidad de efectivo para vivir ese estilo de vida que hoy no podemos.

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  1. Aún no hay comentarios.
  1. 15/08/2010 en 11:23 pm

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